domingo, 4 de noviembre de 2018

AFORISMOS DE VARGAS VILA, EL PANFLETARIO

PENSAMIENTOS DE VARGAS VILA


     ¿Qué pueden ser las Memorias de un Pensador, sino el Diario de su Pensamiento? Yo, que no tengo otra vida que mi Vida Intelectual, no puedo contar sino los dramas de mi Intelecto; unos viven inclinados sobre su corazón, contando sus dramas sentimentales; otros, atentos a los arrebatos de su sexo, no saben sino contar las historias de su sexualidad; yo, que soy un cerebral, no puedo contar sino las tragedias de mi cerebro; mi soledad, llena mi Vida, y yo, lleno mi soledad; el solitario perfecto, es aquel que destierra todo de su corazón; todo, hasta el reflejo de su propia imagen.

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     Continúo con mi prosa atormentada y rara, libre como mi conciencia de todo yugo; esa prosa, que recientemente escritores españoles han hallado: uno, contorsionada y luminosa como una zarza ardiendo; otro, personal y sugestiva, tan rítmica y poética que llena sus frases con una euritmia sana; otro, a veces incorrecta, pero siempre bella y elocuente; y, otros, ¿a qué citar todos los conceptos recientes? Hasta el señor Matos Avilés, que la halla: consubstancial con su personalidad brillante y tumultuosa.

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     Si yo me hubiese detenido un momento a leer lo que mis críticos dicen, y lo que otros opinan de mis libros, habría perdido un tiempo precioso, que he empleado en la creación de nuevas obras, desesperantes para ellos; es por eso, que todos los errores, y aun los horrores, hallados por el vulgo de éticos y de clásicos en mis libros, han sido voluntaria, deliberada y conscientemente puestos allí, no sólo para enojarlos y aun escandalizarlos por mis flagrantes violaciones a sus cánones, sino para demostrarles con ellos, cuán distante estoy yo, de todos esos rebaños letrados o semiletrados que pacen en las dehesas anacrónicas de la tradición, así como del vulgo inconsciente que aspira cándidamente a dar o quitar reputaciones, con la sola autoridad de su insuficiencia.

lunes, 21 de mayo de 2018

VARGAS VILA - DIPUTADO POR MADRID

LA COLUMNA DEL STRIPPER
Esteban Blandón


     Cuenta don José Gnecco Mozo:
     Trabajaba yo en ‘El País’ de La Habana, Cuba, cuando el jefe de redacción del periódico me dijo: “Ha llegado un colombiano ilustre a La Habana, don José María Vargas Vila; nadie más indicado que un colombiano para reportearlo en nombre del periódico”. Me apresté, pues, para entrevistar a Vargas Vila y al día siguiente me encaminé al ‘Vedado’, el barrio elegante de La Habana en donde Vargas Vila había tomado un chalet desocupado. Después de preguntarle por algunos escritores colombianos de la época, (corría el año de 1924 y Guillermo Valencia y Sanín Cano brillaban en el firmamento de las letras, el primero en la lírica y el segundo en la crítica), le pregunté, tal como se había rumoreado, si efectivamente él había arribado a Colombia  con la intención de figurar como candidato a la presidencia de la república; esto fue lo que me contestó: “Mi trono, como cultor de almas, está mucho más alto que la presidencia de cualquiera de esas repúblicas suramericanas”. En efecto, no había llegado a Colombia con la intención de ser candidato presidencial, como hubiera podido serlo; venía a reclamar un millón de dólares a los hermanos Di Doménico por sus derechos de autor de ‘Aura o las violetas’ que dichos hermanos habían puesto en película sin su licencia.

     En diciembre de 1923 Vargas Vila emprende una gira de conferencias por América Latina que lo llevará desde Buenos Aires en 1924, hasta La Habana en donde permanece hasta 1926. En el prólogo del libro (Polen lírico) donde reúne dichas conferencias nos cuenta:

     Ese mi viaje a América, despertó una expectación tan grande, que yo mismo quedé desconcertado ante ella; cuarenta años de ausencia de mi patria; treinta, de haber pisado por última vez tierras de nuestra América; los cincuenta y seis volúmenes de mis obras publicadas por Ramón Sopena, me habían mantenido vivo en la mente y en el corazón de los pueblos y de los hombres de habla hispana; mi revista ‘Némesis’ caldeaba mensualmente la atmósfera, en la cual mi nombre, se conservaba siempre con un rojo fulgor de fuego vivo. Más adelante anota: Con el alma rendida y emocionada, llegué a playas de Colombia. Nunca olvidaré la delirante y apasionada ovación que mi patria me hizo cuando pisé su suelo amado, donde parecían haber muerto todos los rencores; la cuidad de Barranquilla, que fue aquélla única en que detuve mi planta, es hoy uno de los ídolos de mi corazón; allí pronuncié mi conferencia ‘El cesarismo y la civilización’, el 2 de abril de 1924.

     En aquella oportunidad el joven poeta Rafael Maya fue designado por la revista Cromos para entrevistarlo en Barranquilla. En dicha entrevista nos cuenta:

“Acabo de nombrar apoderado en Bogotá a Antonio José Restrepo para que haga valer mis derechos. Yo no soy una viuda pobre para que una empresa cinematográfica me robe; sí señores, porque eso es un robo; yo sé que los señores di Doménico han explotado mi obra escandalosamente. Ya veremos”. Finalmente aclara que no va a Bogotá porque teme que se le atribuyan aspiraciones políticas o que pretenda recoger la herencia de un general muerto recientemente; que el nombre de “Envidiópolis” puesto por él a la cuidad del águila negra se confirma cada día más.

***


     Tal vez resulte increíble para los que nada saben de Vargas Vila, y aun más para quienes valoramos el heroísmo con el que fue concebida su obra política, encontrarnos con un texto salido de su prosa egotista, en donde nos relata cómo uno de sus amigos intelectuales de la España de entonces (1904), propone su nombre en la lista de candidatos del Partido Republicano para Diputado por Madrid en el parlamento español. Esto me ha llevado a recordar una frase de su autobiografía, en la que nos dice:

     Todos me hallaron poseur; orgulloso, enigmático, raro, atildado, severo; mitad diplomático y mitad profesor de la Sorbona.

     Ni diplomático ni profesor de la Sorbona, y mucho menos como candidato presidencial, su nombre sólo ha brillado y aún brilla, entre aquellos librepensadores que dieron su vida, cuando no su obra, como es el caso de Vargas Vila, a la causa de la justicia y de la libertad, recordándonos, y de manera categórica, que de todas las audaces victorias, no ama sino las victorias del pensamiento; en eso consiste, si no toda, la mayor de sus glorias, tal como queda reflejado en este emotivo artículo, aparecido en su revista Némesis, París - 1904, y recogido en su libro Laureles rojos, de 1905.

EX IMO PECTORE
Vargas Vila


     Rara vez ciertos triunfos del sufragio popular me consuelan de sus derrotas;
     nacido en una democracia analfabeta y domeñada, en la cual la sola forma de elección fue dicha por la boca voraz de todos los partidos, en este aforismo de una impudente precisión: el que escruta elige;
     hecho después, a ver salir de las urnas prostituidas, como de una matriz de devastación, los más rudos lobatones de la ineptitud y la violencia, aptos para devorar la libertad;
     habiendo vivido luego en la República Modelo (Estados Unidos), donde el soberano y cohecho son los únicos medios de elección; encastillado entre dos horrores: el de aquellas democracias bozales que reclutaban los electores, y esta democracia colosal que los compraba, no sabiendo cuál era más vil: si el voto uncido o el voto vendido; si el del esclavo atado o el del liberto comprado; si el obtenido por la fuerza del hecho, o el obtenido por la fuerza del cohecho; asombrado ante la República del Sur, que votaban amarradas, y la República del Norte, que votaba sobornada, entristecido y desesperanzado ante esa farsa triunfal, ante ese hacinamiento de bastardías, en donde crecía como un estercolero, la generación espontánea de las larvas parlamentarias, estuve un tiempo tocado de un temor más grande que mi amor por el principio violado del sufragio popular;
     Francia, Italia, España, me han consolado después;
     ellas me han demostrado que aun envenenado y enturbiado por los reptiles de la fuerza, aquel permanece el único manantial puro del derecho, la única fuente de fuerza y de salud para los pueblos;
     como no tengo patria, sino una circunscripción geográfica apta para el insulto de mi nombre; como obligado a optar entre la patria y la libertad, he optado por la libertad;
     no he sido elegible ni elector;
     salido de mi país en primer albor de juventud, habiéndome hallado el destino digno de emigrar con libertad, antes de ser apto para votar sin ella; habiendo sido guerrero antes de ser ciudadano; habiendo disputado a la suerte el derecho de morir antes de tener el derecho de votar, mi pluma, abierta como una azucena de fuego en medio de los combates borrascosos, ni ha firmado un voto, no ha tenido que agradecerlo.
     he sido el solitario armado que no sabe de la vida sino la lucha y el dolor;
     no siendo bastante mediocre para merecerlo, ni bastante vil para mendigar el voto de las democracias esclavas, apenas adultas y ya maduras para el crimen, no ha hecho enrojecer mi nombre;
     mi juventud, pasó envuelta en la tempestad, virgen de esa mancilla;
     entrado en la edad madura, me hago inaccesible al halago de las urnas, porque todo en mi país, todo, hasta la Presidencia de la República, está por debajo de mi ambición… y de mi orgullo;
     yo tengo en mi patria pasiones, pero no tengo aspiraciones;
     he renunciado a habitarla, pero no he renunciado a defenderla;
     no vivo en ella, pero vivo para ella;
     y en momentos como el presente (1905), no le queda otro refugio a mi pluma;
     no se dirá que desapareció sin que el himno triunfal de mi palabra la acompañara a la tumba;
     mientras otros viven para explotarla, yo vivo para honrarla;
     y esperando darle un día de la libertad, le doy un rayo de gloria;
     defiendo su vida contra la insolencia de los amos, y protejo su honra contra la insolencia de los siervos;
     y en ella nada aspiro, y de ella, nada espero;
     me estimo en mucho para aspirar a ser su amo; y la amo mucho, para dejar de ser su apóstol;
     el poder está muy por debajo de mi nombre: sólo el deber está en la altura de él;
     y lo cumplo;
    hábil en hacer la soledad en torno mío, ¿cómo no extrañar y agradecer la caricia que un viento de fraternidad trae hasta la profundidad de mi aislamiento?
     lo confieso: ver mi nombre en la lista de los candidatos que los republicanos de los Dominicales de Madrid desearían ver triunfar para diputados al Parlamento español, me ha conmovido hondamente;
     esa candidatura no es sino un deseo, pero eso basta para ser un honor;
     que haya habido un español que haya dado su voto por mí para Diputado por Madrid, eso basta a mi orgullo de luchador cosmopolita en el combate universal por la Libertad;
     y cuando ese español se llama Demófilo (seudónimo de Fernando Lozano Montes, periodista y librepensador español) y el partido que lo rodea es el partido republicano, eso sobrepasa a mi ambición, que es como poner un límite a lo infinito;
     el deseo de aquel voto es apenas una enunciación, pero no por eso deja de ser una consagración;
     por eso he querido dejar aquí constancia de mi ardiente gratitud;
     ella rebosaba ya, desde que los republicanos del distrito de Chamberí, a raíz de una conferencia de Fernando Lozano, firmaron una proposición en mi honor y aclamaron ruidosamente mi nombre;
     esa nobleza inesperada, me consuela de tanta bajeza estipendiada que se comete contra mí;
     ese honor que la democracia me tributa en España, me venga ampliamente de los ultrajes que la autocracia me prodiga en América;
     ese honor vale el olvido de este horror;
     esta prueba de fraternidad, compensa los insultos de la vanidad;
     el amor de los hombres libres, me venga del odio de los esclavos;
     por ese recuerdo de mi nombre ante un plebiscito de conciencias libres:
     ¡Gracias, Gracias!
     Desde el fondo de mi corazón.

martes, 22 de agosto de 2017

NOVEDADES LITERARIAS - EBOOK

NOVEDADES LITERARIAS



PENSAMIENTOS DE VARGAS VILA - EBOOK

PENSAMIENTOS DE VARGAS VILA



“Hágase la luz y la luz se hizo verbo;
hágase el verbo y el verbo se hizo Dios;
hágase Dios… y habló el Hombre”.


     ¿De todas sus máximas puede hacerse una moral? ¿De todos sus pensamientos una filosofía? ¿Qué diferencia hay entre un genio y Vargas Vila? ¿Era en verdad un novelista pornográfico? ¿Un abanderado del egotismo? ¿El último decadente? ¿Un biógrafo de tiranos? ¿Un neurótico ilustrado? ¿Un pedante murciélago greco-latinista? ¿Un vulgar exhumador de epítetos? ¿Valorar su obra porque es una aglomeración de aforismos, es acaso un procedimiento legítimo de crítica? Como panfletario ¿merece un lugar en la historia de la literatura? ¿Es posible que su calidad de escritor haya sido tan débil y tan efímera como para pasar de la inmensa popularidad a la nada absoluta? ¿Acaso sea este un misterio que haya que dilucidar? ¿Por qué un hombre tan aparentemente libre como él, sólo habló de libertad? ¿Hizo pactos con el demonio? ¿Creyó acaso que Jesús fue un anarquista condenado al oprobio y que la historia es la mejor novela de Dios? ¿Poeta, crítico, historiador o filósofo? ¿Quién fue en verdad el escritor más leído en lengua española de su época?
     Es posible, amigo lector, que usted esté frente al libro más controvertible de Vargas Vila. ¿Desea descubrirlo? Si es así, déjeme hacerle una advertencia: el profeta que fue Vargas Vila, no fue discípulo de nadie; tampoco mató a Dios como Nietzsche, pero sí escribió su epitafio.



jueves, 22 de junio de 2017

JOSÉ MARÍA VARGAS VILA: EL PANFLETARIO

JOSE MARIA VARGAS VILA
23 de junio de 1860 – 23 de mayo de 1933



     Tal vez quien mejor comprendió al panfletario de América, fue el mismo que se convirtió en uno de sus mejores amigos; hablo de Rubén Darío, figura cumbre del modernismo hispanoamericano. Y es evocando la figura del bardo nicaragüense, que descubro lo que en esencia fue Vargas Vila como escritor. El novelista colombiano es, ante todo, un poeta, dijo Darío. Y en eso sí que tuvo razón. El grito de alarma contra los hombres del norte, se dio líricamente lo mismo en José Martí que en Vargas Vila; grito que, no por salir de la pluma del panfletario, deja de ser tan heroico como las mismas trompetas que anuncian el apocalipsis.

     Como lo demuestra el siguiente fragmento, gran parte de su obra, ya sea ensayo o novela, está concebida tras un gran momento de inspiración; inspiración que es avalada por su erudición dando cuenta de sus innegables dotes de narrador. Y de esa inspiración, de ese quehacer reflexivo y poético que son sus horas de meditación, brotó este rosario de ideas cual cultivo de magnolias en germinación.

     El silencio no es la vida;
     el silencio es el sello de la muerte;
     la muerte no combate;
     solo la palabra siembra la vida; ella crea, ella vivifica, y ella salva.
     El verbo es vida;
     he aquí porque callar es un oprobio;
     las esterilidades del silencio asfixian a aquel que vive en ellas.
     El silencio, no reina sino sobre la muerte y la desolación; es el sol de Pompeya y de Herculano; la brisa que agita las olas bituminosas del mar muerto.
     Es a causa del silencio que muere nuestro corazón y que los pueblos mueren;
     es a la sombra del silencio que prospera el mal.
     El verbo, es germen, y el alma humana es surco abierto ante nosotros;
     sembremos en él, el germen de la verdad y de la vida.
     El sembrador tiene el deber de la simiente.
     Sembrador que devora el grano y no lo siembra, mutila la humanidad y defrauda la herencia de los hombres.
     La maravilla de la palabra es hecha como las auroras de los cielos, para esplender sobre la vida.
     La tiranía se llama silencio;
     la libertad se llama verbo;
     el verbo es el rayo de la divinidad que brota de los labios del hombre para herir la iniquidad.
     El verbo, es el águila triunfal, que lleva la tempestad bajo las alas, y rompe con su vuelo todas las soledades del silencio.
     ¡Dejémosla volar!
     Las cimas y los valles expectantes, escuchan absortos la música lejana de ese vuelo.
     ¡Paso a las águilas del verbo!
     
     En: ante los bárbaros, 1923



     Ante los bárbaros, es uno de sus tantos gritos de batalla. Es típico de Vargas Vila exponer en pocas palabras lo sustancial de sus ideas; de ahí su aversión a escribir tratados como aquellos teóricos del pensamiento que precisan de varias páginas para decir lo que con tanta diplomacia desean imponer. De esto se deduce que su doctrina, mal llamada egotismo, es la doctrina de un individualista que se salva de la barbarie impuesta por los soberanos y vilmente aceptada por las indefensas muchedumbres.

     Mis preceptos, nos dirá en uno de sus prólogos, no son más que la tiranía a la que someto mi individualidad.

     Y no bien hemos asimilado una de sus ideas, cuando ya está avasallándonos con un nuevo concepto. Aquí la lógica silogística parece ocupar un lugar preponderante. Una premisa es seguida de un postulado cuyo fin es sustentar, o más bien, complementar la premisa anterior. Así: El silencio no es la vida; el verbo es vida; la tiranía se llama silencio; la libertad se llama verbo…, son proposiciones de una misma premisa lógica, de un discurso cuyo método, es parte de un mismo razonamiento.
     No busca, a diferencia de Descartes, de comprobar nada; ni siquiera demostrar su método; solo expone, de manera potencial, el resultado de un juicio razonablemente concebido y a la luz de su lógica positiva.
     Hoy se ignora menos el futuro y se sabe más del pasado; y es a ese hombre, real y concreto, el del presente, al que le dirige las siguientes palabras nuestro pensador.
     Y así teorizó el panfletario sobre el amor, cuando al poeta le daba por escribir novelas y filosofar sobre las pasiones de la carne:

     De todos los sentimientos, no hay a mis ojos lógico, imperecedero y verdadero sino el amor.
     Pero el amor tal como yo lo concibo y lo siento; el amor de los sentidos, es decir: la sexualidad.
     El amor cerebral, no es sino la sexualidad consciente, refinada y reflexiva.
     El amor sentimental es una aberración cuando no una monstruosidad.
     La ley suprema del amor es, el instinto.
     El sexo es todo el amor; fuera de él no hay sino la extravagancia, la perversión y lo monstruoso.
     El deseo es el alma del amor.

     De: El alma de los lirios; 1904